jueves, 20 de diciembre de 2012

¿CÓMO EDUCAR A MI HIJO ADOLESCENTE?

Hoy hay muchas teorías sobre cómo educar a los hijos, que van desde la más absoluta rigidez hasta el completo abandono y tolerancia.Mi experiencia como psicologa me a demostrado que primero debemos conocer las carateristicas de los adolescentes luego sabremos que estrategias utlizar.





 ¿Cómo son los adolescentes?

Cada vez resulta más frecuente oír a los padres de familia quejarse de que no conocen a sus hijos adolescentes.

Para ayudar y encauzar a un adolescente es muy conveniente conocer qué es la adolescencia y cuáles son las características fundamentales de este período.

Características de la adolescencia


Época de cambios:
En este período el muchacho o la muchacha comienzan a constatar cambios en su cuerpo, en su estado de ánimo, en su sensibilidad y no saben cómo manejarlos. Sienten nuevas tendencias instintivas y aún no tienen una capacidad de razonarlas, ni un equilibrio temperamental para afrontarlas con madurez.

Época de búsqueda y autoafirmación de sí mismos:

El adolescente rechaza todo lo que recibió en la niñez porque él quiere construirse un mundo por sí solo, hecho todo por él. Por eso rechaza hasta los valores que recibió en su familia. Busca nuevas amistades y adquiere una cierta actitud de rebeldía y de crítica ante todo, partiendo esto, de su deseo de autoafirmación.

Época de formación de la personalidad:

Es en esta etapa cuando, salvo alguna fuerte influencia posterior, queda ya formado el carácter y fijada la personalidad. El muchacho se hace colérico, flemático, sanguíneo, como temperamento dominante para siempre.

Época de inseguridad personal:

Los cambios de este período, su anhelo, convertido a veces en verdadera obsesión, por construirse su mundo, llevan al adolescente a experimentar una fuerte inseguridad e incertidumbre ante el futuro de la que quiere salir por sí solo. Sin embargo, es cuando más afecto necesita. Es el momento en que las adolescentes se pasan mucho tiempo solas llorando o huyen absolutamente de la soledad. Las reacciones pueden ser contradictorias, pero siempre son objetivamente exageradas.

Igual sucede con los muchachos, que se hacen extrovertidos o introvertidos de forma exagerada, poco equilibrada. En los dos sexos aparece muy fuerte la búsqueda de afectos, de amistades íntimas y completas que compartan con ellos lo que no son capaces de decir a otros, precisamente por su inseguridad, porque se imaginan una reacción negativa. 


Época de formación de principios y convicciones: Según los psicólogos, el niño de aproximadamente 11 a 13 años forma su gramática de valores en la que comienza a comprender el significado de lo que serán los grandes principios que regirán su vida. Después, en la adolescencia, fija definitivamente (salvo algún suceso grave que impacte en su vida) la jerarquía de valores, las convicciones que guiarán todo su comportamiento consciente y libre. Esto significa que estamos ante una época fundamental en la formación de la opción moral del futuro hombre o de la futura mujer.

¿Cómo educar adolescentes?

* Comunicación

En un colegio de la ciudad de México fue hecho un estudio muy interesante. Se preguntó a los padres de familia si consideraban que era buena la comunicación con sus hijos. Casi todos respondieron que sí. Después se repitió la misma encuesta con los alumnos. Se hizo, como en el caso de los papás, una pregunta única: ¿Crees que es buena la comunicación con tus papás y por qué? Muchos respondieron abiertamente que no y otros decían que era buena, pero luego daban alguna explicación o aclaración que hacía ver que realmente no era tan buena.

Decían, por ejemplo: es buena, pero no me escuchan; es buena, pero no se interesan por mis cosas; es buena, pero no tienen tiempo para mí; es buena, pero no puedo hablar a solas con ellos; es buena, pero todo lo que les digo lo consideran sin importancia. Sólo tres alumnos respondieron que la comunicación con sus papás era buena, sin peros


Este es el punto fundamental, no se puede educar si no hay una recta comunicación. Mis mensajes no llegan y los de mis hijos no me llegan a mí. Se acaba por no conocer al hijo y de ahí nace el problema de no saber cómo afrontar los problemas.

 Nosotros tenemos que buscar una comunicación real, que no se quede sólo en el buenos días, ¿cómo te fue?, sino que nos ayude a conocernos a fondo. No se trata de interrogar al muchacho en forma inquisitoria violando su intimidad, pero sí de hacerme presente en su mundo aprovechando los momentos en que esté más accesible, buscando las ocasiones, yendo a fondo. Se trata de exponer mis orientaciones razonadas, con suavidad, con cariño, con interés, hacer que en cierta forma me necesite y me busque porque yo puedo ayudarle, porque puede confiar en mí.

No hay que olvidar una cosa: en este campo competimos precisamente con los medios de comunicación, expertos en este arte. Decíamos al principio que muchas veces son verdaderos factores de distorsión en la educación de los hijos. Por eso tenemos que esmerarnos en la comunicación; estamos compitiendo con profesionales de las grandes ligas para vender, seguramente, un mensaje distinto.

 * Jerarquía de valores Cuántas veces oímos a padres de familia que motivan a sus hijos para que estudien diciéndoles cosas como: estudia para que puedas ganar dinero o haz esto bien y te doy diez pesos. Uno pensaría que es un gran padre de familia porque da rectos incentivos a su hijo, sin embargo, hay una deformación, estamos dándole una jerarquía de valores errónea. Le estamos diciendo que haga todas las cosas buenas para ganar dinero. Los valores y acciones buenas se vuelven medios útiles y no fines.

Le colocamos el valor del dinero por encima de todo y esto, en la edad en que ellos forman su jerarquía de valores, es prepararlos para luchar en la vida teniendo al dinero sobre lo demás. Y sabemos que por ahí no encontrarán, precisamente, la felicidad, ni formaremos una sociedad donde reine la honradez. Es un ejemplo que, precisamente por ser ejemplo, resulta un poco exagerado, pero hay un fondo de verdad: en los adolescentes hay que ser muy cuidadosos para formar en ellos una recta jerarquía de valores (generosidad, lealtad, fidelidad, amor) y destacar su importancia y darles así profundos criterios que les van a servir para evaluar la realidad, para construir su vida y su familia con serenidad y felicidad, con honradez.

* Con la cabeza, no con el hígado
Una vez vino a verme un matrimonio que estaba muy preocupado por la educación de su hijo. Los dos empezaron a descubrir echándose mutuamente la culpa de los problemas que padecía su hijo. Él decía: es que tú le consientes todo. Ella respondió: es que tú educas a tu hijo con el hígado. Lo que aquella señora quería decir es que su marido siempre trataba a su hijo con enfado, le corregía con malos modos y el único diálogo que mantenía con él era a través de los gritos.

No se crean que es un caso raro, desgraciadamente hay muchos padres y madres de familia que educan a su hijo con el hígado porque han perdido ya la batalla y piensan que esta es la única forma de imponerse. Nada más lejos de la realidad. El corregir o reprender en momentos de enojo es contraproducente y sólo produce rebeldía y cerrazón en los adolescentes.

Simplemente es el método más eficaz para que no te hagan caso y pierdas todo el ascendiente sobre él. En México se dice con mucha sabiduría: el que se enoja, pierde. Estar enojado puede ser normal, pero afrontar en esos momentos a tu hijo y querer educarlo es inadecuado. En los momentos de enojo hay que saber esperar, pero siempre es más sano no enojarse. Este punto puede parecer superficial, pero es la mayor queja que presentan los adolescentes hacia sus padres.


Cómo poner reglas y mantenerlas
El uso de reglas y castigos es fundamental cuando su hijo/a está entrando en la primera fase de la adolescencia. Las reglas, las recompensas y los castigos pueden cambiar a medida que su hijo preadolescente o adolescente necesita y desea crecer. Las recompensas pueden utilizarse para animar a su hijo/a a seguir las reglas familiares y a comportarse adecuadamente; los castigos deben usarse cuando su hijo/a no respeta una regla y se comporta mal. La recompensa o el castigo debe concordar con el comportamiento. Pegarle y gritarle a su hijo/a preadolescente o adolescente no son formas eficaces de disciplina o comunicación. Así le enseñará que la violencia y los gritos son respuestas adecuadas al enojo o la frustración.  
Cómo educar a su hijo/a adolescente
  • Pérdida de privilegios:   Un privilegio es un derecho concedido por un padre. Los privilegios concedidos a esta edad pueden consistir en volver a casa más tarde, usar la televisión o los videojuegos, o ir a fiestas sin que alguien los acompañe para cuidarlos. Si su hijo/a abusa del privilegio, debe perderlo por un tiempo. La pérdida del privilegio debe concordar con el abuso que se hizo del mismo.
  • Penitencia:  La penitencia debe ser parecida a la medida que usted tomaría si tuviera que quitarle a su hijo/a un privilegio. Un ejemplo sería cuando su hijo/a no respeta el horario en el que debe volver a su casa y regresa tarde. La “penitencia” debe reflejar directamente el mal comportamiento. Por lo tanto, una “penitencia” adecuada para su hijo/a adolescente puede consistir en que vuelva más temprano durante una semana entera, o directamente no dejarlo/a salir.
  • Restitución:   La restitución significa que su hijo/a debe "pagar" o cumplir con un castigo lógico por haberse comportado de una manera determinada. El propósito de la restitución es reparar un mal, ya que se   le da a su hijo/a la oportunidad de corregir su error. Por ejemplo, su hijo/a dañó la casa cuando estaba con sus amigos. La restitución sería exigirle a su hijo/a que se gane el dinero para pagar los gastos que implica reparar el daño. Puede ganarse el dinero trabajando al salir de la escuela, trabajando en la casa, cuidando a sus hermanos o haciendo tareas adicionales hasta que el trabajo equipare el costo del daño. Este tipo de castigo no sólo le da a su hijo/a la oportunidad de redimirse, sino que también es una respuesta directa a su comportamiento.   Así su hijo/a podrá ver cómo el castigo se corresponde con sus actos.
  • Demasiada disciplina:   Uno de los errores que usted puede cometer como padre es exigir demasiada disciplina a su hijo/a preadolescente o adolescente. Es importante elegir los malos comportamientos que son de importancia y ofrecen una oportunidad para aprender y organizarse.   No es necesario castigar a su hijo/a todas las veces que se comporta mal, a veces basta con hablarle.   Si bien sólo usted es quien decide si debe castigar o no a su hijo/a, recuerde que los excesos pueden ser peligrosos. El objetivo del castigo debe ser darle a su hijo/a una lección de vida importante y establecer un orden, pero no debe ser una forma constante de educación.
  • Respete la privacidad de su hijo/a adolescente:   Durante esta etapa, su hijo/a se está transformando en adulto.   Es fundamental darle suficiente espacio para que crezca y descubra cosas por sí mismo/a.   Esto le brindará más seguridad, independencia y aptitudes útiles para la adultez mientras aún se encuentra bajo su protección y orientación. Para evitar invadir su privacidad, es recomendable enterarse de los problemas comunes que afectan a los adolescentes actualmente y estar atento/a a las señales de aviso.  
  • Cómo reaccionar ante “las contestaciones”: En esta etapa, los hijos generalmente comienzan a contestarle a los padres o a desafiar sus reglas e ideas. Este es un asunto difícil de manejar porque los padres no quieren interrumpir los primeros pasos de sus hijos hacia la autonomía, pero tampoco quieren que sus hijos piensen que está bien ser grosero. Con tono serio, dígale: “No quiero que me hables así. Está bien que no estés de acuerdo conmigo, pero tendrás que decírmelo de manera cortés". Esto le transmite a su hijo/a que usted escuchó lo que tiene para decir, que tiene derecho a opinar, pero que debe hacerlo respetuosamente.   Además, así mejorará la comunicación que tengan en el futuro.







































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